Portugal aprueba el matrimonio homosexual pero no la adopción
Todavía hoy sigue siendo noticia la famosa Gripe A, pero una más nefasta enfermedad se cierne sobre el mundo. Bubónica es la expansión de este mal hoy día bien visto y revestido con los afeites de lo chic; la homosexualidad, poderosa ola de la peste de la corrección política, entra en nuestros hogares auspiciada por el libertino amparo de los gobernantes a través de los inmorales medios de comunicación. Nuestros hijos son hoy día empujados por el poderoso alud de la moda a hacerse dionisíacos zarazas escandalosos. Mientras tanto los gobernantes montan una oscura dictadura con esa fachada de liberalismo manteniendo a gusto a los apetitosos engendros sexuales de nuestra sociedad, y al alimentar constantemente con la presión mediática ese ejército de bellos invertidos, no hace otra cosa que crear un rebaño drogado por un nuevo opio popular que no es otro que el libertinaje. Porque los gobiernos de hoy ya no se ocupan de acallar a los que claman por sus derechos con una censura directa y al menos sincera, sino que les dan rienda suelta para que no se percaten de que a las espaldas de su absoluta libertad para encamarse, pintarrajearse y depravar provocativamente en la vía pública, esos mismo padrinos de su inmoralidad son carceleros que les atan las manos mediante actos de infame hipocresía. Buena muestra de esta conducta del estado actual es la legalización, que parece se hará pandemia, del matrimonio entre homosexuales, mal que ya necrosa desde hace algún tiempo el mapa de la piel de toro. Y miren ustedes por donde que los Reyes magos este año no nos castigan con carbón sino con una negra ley que hace legal las nupcias gay en el vecino país Luso, y parece que los emisarios del pecado nos quieren mandar un mensaje claro de que tienen la sartén por el mango, porque se abre el año con la infección del la Península Ibérica al completo y se cerró el anterior con el contagio de este virus allende el atlántico, donde se ha cambiado el sombrero charro y la ranchera por el tanga y el pop rosita.
Si a mí me lo preguntan, lo que podemos hacer los católicos de bien contra este poderoso mal es mantenernos firmes en nuestro convencimiento del carácter sagrado del matrimonio para así curar al mundo de esta enfermedad mediante el eficaz remedio de la moralidad verdadera, de la fe, de la oración y del calor de la familia tradicional.