domingo, 22 de noviembre de 2009

LIbertinaje en la educación de los hijos de España

La junta de Extremadura a la cabeza en la carrera de degeneración de los jóvenes españoles
Libertinaje, libertinaje es lo que hoy enseñan a los jóvenes españoles. Todavía padres y maestros se llevan las manos a la cabeza horrorizados por los comportamientos enloquecidos y violentos de sus alumnos e hijos, cuando la respuesta está clara ante sus ojos. Es una educación cimentada en los desvaríos del “haz lo que te venga en gana” lo que ha hecho de los hijos de España unos pérfidos desadaptados, unos pecadores descontrolados que día a día dedican su tiempo a nada más que cavar su camino hacia el fracaso en vida y la condenación eterna tras su muerte envueltos en los bárbaros deleites de la carne. Pero no contentos los así llamados “educadores” de nuestro tiempo con andar por las aulas con el rabo entre las piernas, ahora pretenden que esta juventud haga del salón de clases un burdel, un cueva de onanistas y una jaula de locas. Aprender a convertir el sagrado don del creador; el cuerpo humano, en un altar pagano a los sátiros, en una pira de sacrificio para la adoración del falso ídolo del sexo es la materia a examen en una tierra que antes fuera de heroicos conquistadores y que ahora parece querer tornarse en secarral para la fe y las buenas costumbres. Pero no les basta a estos portadores de virulentas manzanas de progreso y liberalismo el querer convertir a toda una generación de extremeños en adoradores de formidables y hermosos falos de goma, sino que también quieren alimentar a este manso rebaño con el temible consejo de las enfermizas prácticas homosexuales, invitándolos al contacto carnal con sus congéneres del propio sexo para promover una plaga de hombres pintarrajeados, de amaneradas esculturas griegas de potentes y torneados cuerpos que no tendrán más remedio en su vida que terminar exhibiéndose como un ganado de premio para derramar la tentación fálica por todo el orbe, para arrastrar tras ellos a los buenos y cristianos hombres fuera de su sagrado vínculo matrimonial para hacerse merecedores del castigo eterno por unos pocos minutos de placer ilícito en los brazos poderosos de demonios perfumados con el aroma del dulce sudor del macho.
Españoles, debemos detener a este gobierno herético que pretende con sus deformaciones hacer de este gran país un semillero de efebófilos paganos. Hagamos frente a esta depravación con la enardecida reivindicación del hermoso seno de la familia tradicional, y con la práctica de una sexualidad católica que dé a este gran reino de España nuevos y buenos cristianos con abundancia. Sean vuestros cuerpos y los cuerpos de vuestros hijos templos al servicio único de nuestro señor; no permitáis que sean convertidos en manantiales de esos profanos y lúbricos placeres en que hoy el mundo entero parece querer transformarlos.

El Señor Aquilino Pollastre

Aquilino es un hombre de bien, un español tradicional de los que ya no quedan. Siempre ha gustado de la buena comida castellana; del arte de la fiesta taurina; de la vibrante melodía del himno nacional; de los excitantes desfiles del ejército y la benemérita; de los alentadores discursos navideños de su Majestad el Rey; de las bendiciones del sumo Pontífice; de las columnas de opinión que no temen arremeter contra el vicio, la inmoralidad y la depravación; del calor humano de la salida de misa los domingos; de la buena compañía y conversación de un hombre culto y bien vestido; del esplendor físico de la escultura griega; de bailar un pasodoble; de beber buen vino; y del sagrado sacramento de la confesión.

Al señor Pollastre le duele su alma española ante el descarrío de la juventud; el libertinaje; las malas fachas; el babeo público de las parejas; la ineptitud del herético gobierno socialista; la literatura revolucionaria y azuzadora de los autores enemigos de la patria; los carnavales llenos de vulgaridad, degeneración y travestismo; la moda infame de la homosexualidad; los satánicos experimentos de la ciencia moderna; la destrucción de la vida en el útero; las saunas; el ruido de la música estroboscópica y el alarido de los adoradores del diablo; el hipismo y las caravanas; y sobre todo cuando hombres cultos, inteligentes, guapos y bien vestidos se deleitan escuchando a divas del pecado como Mónica Naranjo y Rafaela Carrà.